REVISTA " EL BLANDENGUE" AÑO 2007

“El Soldado Blandengue ” Por el Subof My C (R) EDUARDO ARCE

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El presente trabajo, pretende sacar a la luz la actuación de nuestros Blandengues durante los hechos que rodearon a las Invasiones Inglesas, la Reconquista de Buenos Aires y la posterior Defensa, otorgando así, a estos soldados criollos un justo reconocimiento.

Como nacen los intereses británicos.

Los intereses británicos por instalar asientos en las colonias españolas, no nacen precisamente en la época de las llamadas “Invasiones Inglesas”. Sino que debemos retrotraernos a mucho tiempo atrás, cuando las aspiraciones comerciales y de dominio hacen de la América española un objetivo más que apetecible.

A principio del siglo XVIII, se puede ver con claridad cuales son las intenciones respecto a las aspiraciones sobre América. Estos anhelos se ven cristalizados cuando, en 1713, se firma la Paz de Hutrech, que permitía a Inglaterra introducir esclavos en las Colonias españolas, los traficantes ingleses pagaban un canon al Rey de España y la Corona quedaba aferrada en el negocio esclavista.

La celebración de este tratado permite la penetración del comercio inglés en las colonias americanas, pasando, casi a un mismo tiempo, de lo permitido al contrabando.

La demanda de un nuevo mercado.

 Acontecimientos como la Independencia de Estados Unidos y otros hechos de menor importancia hacen que Inglaterra pierda un importante mercado, y es allí donde surge la necesidad de buscar nuevos contactos comerciales donde colocar sus manufacturas y aprovisionarse de materia prima para su creciente industria.

La fragilidad de las colonias españolas.

Las colonias españolas contaban con lo requerido para sus operaciones comerciales y, además, la seguridad no ofrecía mayor impedimento. La teoría de librecambio ofrecía una serie de ventajas, por lo que las operaciones comerciales se realizaban dentro de un marco legal, cuando se podía, y de lo contrario se recurría al contrabando, el que se expandió rápidamente.       
Los distintos enfrentamientos entre España e Inglaterra, las alianzas de la primera con Francia, enfrentando a los británicos; el descuido de la Corona española por sus colonias en América, aumentaban las apetencias y hacían ver a los ingleses las posibilidades de éxito.

El dominio de los mares.

 El creciente dominio de las rutas marítimas y las intenciones de algunos americanos de liberarse del yugo español, un al precio de asociarse con los británicos, mostraban a Inglaterra que el la hora estaba cerca, sólo había que esperar el momento adecuado. Es así que desde fines del Siglo XVIII los acechos sobre Montevideo y Buenos Aires van a ser una constante.

LA ACTUACION DE LOS BLANDENGUES.

En todos estos acontecimientos, tanto Blandengues de Buenos Ayres, como los de la Frontera de Montevideo, tuvieron una constante y silenciosa participación. 

DOS ERRORES HISTORICOS.

Equivocadamente, cuando mencionamos a las Invasiones Inglesas, nos referimos a las de 1806 y 1807;  de la misma forma que nos equivocamos cuando restamos importancia a la participación de los Blandengues en esta serie de acontecimientos.

LA ORGANIZACIÓN DEFENSIVA A CARGO DE LOS BLANDENGUES.

  Finalizando el Siglo XVII sufrimos constantes amenazas por parte de buques ingleses, y desde los acontecimientos de 1796, y la posibilidad de tomar Montevideo se hizo cada vez más evidente. Es allí cuando las medidas precautorias, tomadas por el Virrey Melo de Portugal, tienen como principal protagonista al Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Buenos Ayres, provocando luego la creación del Cuerpo Veterano de Blandengues de la Frontera de Montevideo, el 7 de diciembre de 1796; en un principio, el cuerpo estaba constituido por ocho compañías de cien hombres cada una, pero el 21 de agosto de 1797 aumentó en veinte hombres el número de cada compañía y ordenó al Comandante General de Frontera Nicolás de la Quintana su traslado a Montevideo, con un refuerzo de doscientos hombres.

 

LOS BLANDENGUES CUSTODIANDO PRISIONEROS INGLESES.

A causa de aquellas actitudes intimidatorias, en febrero de 1709, es tomada prisionera la tripulación de la Fragata inglesa “Ladi Shore”, un total de treinta individuos, incluidas seis esposas de los tripulantes, fueron trasladados a la Guardia de Luján y custodiados por los Blandengues. Pero las condiciones del fuerte no se adaptaban a las exigencias de un presidio por lo que se adoptó por alojar a los prisioneros en chacras y fincas de los pobladores, gesto caballeresco al que los ingleses respondieron con la fuga; pero gracias al poco conocimiento de la zona, los que más lejos llegaron lo hicieron a Buenos Aires y permitió que sean fácilmente recapturados.

CONDICIONES DEL FUERTE Y ACTITUD DE LOS CONFINADOS.

Pero no todos respondieron de la misma manera, algunos aceptaron trabajar en los campos, otro renegó de los errores de su credo protestante y fue trasladado a Buenos Aires para internarse en un convento, y el más notable fue Eduardo Flan, un muchacho de 18 años que solicito ser incorporado a la Tercera Compañía de Blandengues como soldado, solicitud que tuvo favorable aceptación de parte del comandante, en virtud que practicaba la religión Católica. En 1803 el Virrey ordena el traslado de los prisioneros a Buenos Aires, para luego ser restituidos a su lugar de origen, pero lo hicieron sólo trece de ellos, ya que el resto eligió quedarse en los poblados de la zona.

SOBRE MONTE Y LAS AMENAZAS DE LA FLOTA.

En abril de 1805, ante la amenaza de una inminente invasión al Río de la Plata, el Virrey Sobremonte convocó a los jefes de los regimientos veteranos Ingeniero José Pérez Brito y teniente coronel de ingenieros Joaquín Mosquera, al Comandante de Frontera Nicolás de la Quintana y otros jefes, ordenando organizar cerca de Buenos Aires un Cuerpo de Prevención o Campo Volante, de mil cien hombres y otro similar en Montevideo donde los Blandengues de la Frontera de Buenos Ayres contribuían con tres cientos cincuenta hombres para la primera organización  y con cincuenta para la de Montevideo. Además se mantenía en vigencia la resolución de la Junta de Guerra de Montevideo de 1797 por la que el Virrey Olaguer Filiú, establecía que ante la intimidación o peligro de cualquiera de las capitales, el Comandante de Frontera debía trasladarse a la brevedad y con la mayor cantidad de tropas, del cuerpo a su mando, al lugar amenazado.

LA TERCERA COMPAÑÍA DE LUJAN A MONTEVIDEO.

Es así que en 1806, cuando ya la escuadra inglesa merodeaba el Río de la Plata, y sospechando que la plaza de Montevideo sería la atacada, en virtud de su menor defensa y más fácil desembarco, según los registros del Capellán Mariano Alonso, parten a la otra orilla del Plata los efectivos de la Tercera Compañía del Fuerte de San José de Luján.

DE LA QUINTANA Y SUS HOMBRES EN EL DESEMBARCO EN QUILMES.

Cuando al fin el desembarco se produce en Quilmas, donde las fuerzas virreinales se limitan a una débil tropa de observación al mando de pedro de Arze, el Comandante de la Quintana acude en auxilio con ciento cincuenta blandengues de la Guardia de Luján, dejando a ésta casi desguarnecida.

LOS BLANDENGUES NO JURAN FIDELIDAD A INGLATERRA.

Luego de caer Buenos Aires, Beresford hace reunir a los detenidos para que juren fidelidad al Rey de Inglaterra, cosa que si no lo hacían serían transportados prisioneros a Gran Bretaña; los oficiales que se encontraban en la campaña, como el caso de los Jefes Blandengues, no lo hicieron, circunstancia que los coloca en una situación especial que se da al no empeñar la palabra de honor que podía llegar a impedir armarse en contra de las nuevas autoridades.

LINIERS ORGANIZA LAS TROPAS DE LA RECONQUISTA.

Cuando don Santiago de Liniers, comienza con las tareas para organizar la Reconquista, consigue que el gobernador de Montevideo, Pascual Ruiz Huidobro , ponga a su disposición cerca de ochocientos hombres, de los cuales doscientos ochenta pertenecían al cuerpo de Blandengues de Buenos Ayres.

EL REMPLAZO DE LOS BLANDENGUS EN LAS FRONTERAS.

Es importante destacar que durante la ausencia de los blandengues en sus asientos de origen, eran convocadas Compañías de

Milicias Auxiliares o de Altenación, que debían custodiar las fronteras y cumplir con las misiones diarias de los soldados de cada fortín, pero en circunstancias tan especiales muchos superaron con voluntad el alcance de su misión, como el caso del Capitán de Milicias Nicolás Amarillo, que se unió al Segundo Comandante de los Blandengues para marchar en defensa de Buenos Aires, al enterarse de la invasión que sufría la capital.

LA ACTITUD DE LOS INDIOS.

Pero también es preciso saber que pasaba con el indio, se puede decir que ante el ataque de un enemigo en común un grupo de influyentes caciques trató de entrevistarse con el gobierno de Buenos Aires, consiguiendo una audiencia el 29 de diciembre de 1806, en la que ofrecen sus recursos y hombres (unos 5900 acampados en la laguna de Cabeza de Buey y en cercanías de Tapalqué) para expulsar a los “colorados”.

El Virrey Liniers acepto el ofrecimiento, le reconoció al Cacique Guenaken Curripilan la jefatura de todos los indios con el nombre de “Virrey y Rey de todos los pampas, le regala un uniforme de general y dijo que se les comunicaría si era necesaria la presencia de la fuerza; porque no era conveniente tener tantos indios armados en las cercanías de Buenos Aires.

LA PARTICIPACION EN PERDRIEL.

Mucho se habla sobre la duda de la participación de los Blandengues en el combate de Perdriel; pero según el Parte del Combate, redactado por el mismo Juan Martín de Pueyrredón, asegura que el día 31 de julio, se encontraba en la Cañada de Morón con ochocientos hombres, la mayoría de ellos “Blandengues” montados y armados; estos blandengues pertenecerían a los Fuertes de Chascomús, Salto, Rojas y Luján. Además menciona en un momento del combate la presencia del teniente coronel Antonio de Olavaria, segundo comandante del Cuerpo.

Sí es fácil interpretar un conflicto de mandos, ya que si bien Juan Martín de Pueyrredón era quien llevaba el mando de las acciones, el no tenía otra jerarquía militar que la que le daba el entusiasmo por recuperar a su ciudad tomada y su prestigio por pertenecer a una familia de rango considerado; en cambio Olavaria era un militar de carrera, segundo comandante, no de una milicia, sino del único cuerpo criollo con carácter de veterano. 

LOS BLANDENGUES SE UNEN A LINIERS.

Luego de la retirada de Perdriel, el Teniente Coronel Olavaria, junto a cuatrocientos Blandengues, se une a las tropas de Liniers en la Chacarita de los Colegiales, tropas que avanzan sobre Buenos Aires para lograr reconquistarla el 12 de agosto. En las tropas avanzan en una columna, desde Retiro por la actual calle Florida, figuran la quinta Compañía de Blandengues de Rojas a órdenes del Capitán Manuel Martínez y la Tercera Compañía de Luján comandada por Teodoro Abad. El objetivo de esta columna era apoderase del Cabildo como lugar de suma importancia estratégica.

LOS BLANDENGUES TESTIGOS DE LA RENDICION.

Cuando las tropas invasoras rinden sus armas al pie del vencedor y Beresford rinde su espada ante Liniers, Teodoro Abad y sus Blandengues, eran testigos de tan significativo hecho. Son muchos los documentos que hablan de la presencias de los Oficiales Blandengues José de Olavaria e Hilarión de la Quintana, formando parte del Estado Mayor de Liniers, donde participan como asistentes otros jóvenes blandengues; Antonio y Marcos González Balcarce.

ACTUACION DE LOS BLANDENGUES DE MONTEVIDEO.

En las acciones de Retiro y la Plaza de la Victoria, cobra notoriedad un escuadrón de Blandengues de Montevideo, en cuyas filas se encuentra otro grade de la historia rioplatense, el Teniente José Gervasio Artigas. 

  
LOS BLANDENGUES GUARNECEN EN BUENOS AIRES.

Luego del rechazo de loa invasión se quedan en guarnición en la Ciudad de Buenos Aires un Escuadrón de Blandengues de Buenos Ayres al mando de del Coronel Esteban Hernández y otro de Blandengues de Montevideo comandado por el capitán Benito Chaín,

EL TRASLADO DE LOS PRISIONEROS AL INTERIOR.

EL DESTINO DE SOLDADOS Y SUBOFICIALES

En cuanto al destino de los prisioneros, Liniers y el Ayuntamiento deciden enviarlos al interior, los Jefes y oficiales al Cabildo de Luján; los suboficiales, soldados y sus familias son enviados a la frontera bonaerense, y distribuidos en los fuertes de Rojas, Ranchos, Salto, Monte y Areco, además de algunas estancias aledañas.

LOS JEFES EN LUJAN.

Por su Parte el Luján fueron alojados el general Beresford, el teniente coronel Pack, jefe del “siempre vencedor, nunca vencido” Regimiento escocés de Infantería Nro 71, además de siete oficiales, sus asistentes y sus respectivas familias. El confinamiento lo vivían bajo palabra de Honor, por lo que fue común a los vecinos de Luján ver a los presos paseando por la campaña, lo que no dejó de ser un problema debido al rechazo que producía dicha presencia en la población.

 

LA DECISION DE LLEVARLOS AL LAS PROVINCIAS INTERIORES. LA FUGA DE BERESFORD Y PACK.

En 1807, cuando se tuvo la noticia que una importante flota se dirigía a buenos Aires para un nuevo intento de toma, los prisioneros enarbolan su altanería, confiados en una pronta recuperación de la libertad, por lo que se resuelve trasladarlos a las provincias interiores de Córdoba y Catamarca; y todas estas custodias estuvieron a cargo de los blandengues. Sin embargo mediante la complicidad de los criollos Saturnino Rodríguez Peña y Aniceto  Padilla, que creían que con la libertad de Beresford y Pack, se verían favorecidas sus aspiraciones de independencia de la Corona de España, ambos jefes ingleses fueron recuperados, engaño mediante, y ayudados a cruzar a Montevideo.

LA NUEVA ORGANIZACIÓN MILITAR, LUEGO DE LA RECONQUISTA.

Luego de la rendición de Beresford, y ante la amenaza de una nueva invasión, Liniers emitió un bando instando al pueblo a organizarse en cuerpos separados, según su origen; esto motivó la creación de unidades de las tres armas, las que se encontraban medianamente organizadas y pudieron ser convocadas durante la segunda invasión ocurrida en julio de 1807.

LOS BLANDENGUES EN LA SEGUNDA INVASION.

No existen mayores datos de la actuación de los Blandengues en esta segunda invasión, pero si se encuentran incluidos dentro de las unidades de Caballería de la mencionada organización; por lo tanto se deduce su actuación dentro del dispositivo general de las tropas comandadas por Liniers.

CONCLUSIONES

Al estudiar detalladamente el desempeño de las tropas que combatieron al enemigo inglés, no podemos negar de la actuación protagónica que le cupo a nuestro soldado Blandengue, un soldado preparado para la especial misión de custodiar las fronteras interiores, pero que ante la presencia de una agresión externa puso lo mejor de sí a favor de la defensa de la Patria. Extremo sacrificio de trasladarse de una a otra orilla del Plata para cumplir con la misión impuesta a su comandante.

Por lo que creo una obligación de rescatar del olvido esta realidad histórica:

“Fueron soldados austeros, como la profesión lo exige, no buscaron la gloria, porque la gloria no llega enancada en los galardones de un reconocimiento, solo importa el cumplimiento de la misión, y en la satisfacción de deber cumplido y ahí está la verdadera gloria”